martes, 29 de abril de 2008

Un día como otro

Y de nuevo me pregunté… ¿qué hago aquí, por qué no sólo me paro de esta silla y me voy? Esa era mi pregunta de todas las mañanas cada vez que veía el reloj de la pared y marcaba las 11:11. Todos los días me tomo dos tazas de café, fumo media cajetilla de cigarros y trabajo sobre artículos que mi jefe me impone. Como odio escribir sobre futbol, que no se da cuenta que tengo un potencial magnífico para escribir, si sólo me dejara escribir sobre política, meterme en líos y ser perseguido. ¡Oh que emocionante! Porque siempre tiene que estar caminando por los pasillos, el jefe en menos de una hora ha estado junto a mí diez veces, me siento presionado, y yo no puedo terminar este tonto artículo. Siempre con su gesto de prepotente, ¿por qué nunca tiene un rostro agradable?, siempre parece que quiere hacer sufrir a los demás.

Necesito más café, este artículo me está enfermando. Que extraño vino mariane a trabajar, siempre se ha llevado los mejores sueldos, puestos y notas. Cómo la envidio, a trabajar sólo viene un domingo por mes, pero a pesar de eso que atractiva es. Invariablemente con su cabello negro un poco despeinado y sus ropas perfectamente combinadas. Me gustaría ser su amigo, pero por más que trato de platicar con ella no consigo entablar conversaciones más de tres minutos. ¿Sabrá que existo? No puede ser ya estoy empezando con mis tonterías, mejor regreso a mi artículo para irme temprano. ¿Si me voy a su escritorio y le pido el encabezado? No mejor le doy mi artículo y le pido su opinión, pero eso le va a subir el ego y a demás tendría que terminarlo ahora. Mejor me voy a comer y regreso.

Odio el comedor de la oficina siempre la comida parece de prisión y a parte cada vez que como con orlando sigue hablando de las novias que ha tenido, y yo sólo espero hablar con ella más de 5 minutos y crear una conversación interesante. Mejor me voy que tengo que seguir trabajando, me espera la cascarita de chivas vs. América, tengo que apurarme sólo me quedan dos horas.

Que pasaría si fuera tomado por sorpresa, que de pronto mariane llegara me tocara el hombro, y yo como todo un Don Juan la abrazara y besara sus labios, mientras que ella suspirando de amor por mi, me dijera, te doy mi sueldo, mi puesto y mis domingos libres pero por favor nunca me dejes. Obvio no lo pensaría dos veces, pero… ahí viene mi jefe de nuevo mejor termino de escribir la nota y la mando al centro.

Por Saray Sánchez

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